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La blockchain, ¿revolución o burbuja?

La blockchain se dio a conocer como la tecnología en la que se basa Bitcoin. Desde entonces, se lleva promocionando como una de las revoluciones tecnológicas más prometedoras de los próximos tiempos, llegando a considerarse una de las piezas clave de la revolución digital. Pero, al mismo tiempo, esta tecnología es probablemente una de las más sobrevaloradas y de fama más inflada de la historia reciente.

Bitcoin, blockchain y la búsqueda de la descentralización

La primera transacción en bitcoin de la historia se realizó el 8 de enero de 2009, cinco meses después de que Satoshi Nakamoto —alias del creador, o creadores, de Bitcoin— lanzara bitcoin p2p e-cash y cinco días después de que se generara el primer bloque de la blockchain (‘cadena de bloques’ en español). Así nacía la primera moneda digital creada como alternativa al sistema bancario: una criptomoneda que funciona entre dos usuarios jerárquicamente iguales llamados pares (P2P o Peer to Peer) sin intervención de un banco o un Gobierno. Dinero digital descentralizado. 

Bitcoin y la estructura que lo vertebra —la blockchain—, sin embargo, no nacieron de la nada: son el resultado de más de cuarenta años de investigación y consolidación de técnicas de criptografía e importantes avances tecnológicos en los campos de las telecomunicaciones y la informática. Estas innovaciones tecnológicas se enmarcan en el movimiento anarcocapitalista conocido como cypherpunk, basado en la defensa y promoción de la libertad de expresión, la privacidad y el libre acceso a la información. 

Lo más novedoso y revolucionario de Bitcoin es que, gracias a la cadena de bloques, esta criptomoneda ofrece un mecanismo de pago sin ningún control centralizado por parte de instituciones, Gobiernos, empresas o bancos. La blockchain funciona como una suerte de base datos en la que quedan registradas las transacciones, y es la estructura que permite que Bitcoin tenga éxito como dinero digital descentralizado y sea atractivo para tantos usuarios, más allá de los intereses puramente especulativos de los últimos tiempos.

Pero, ¿qué es la blockchain y cómo funciona?

En su nivel más básico, la blockchain es una cadena de bloques de información digital, en la que la información (el “bloque”) se almacena en una base de datos pública (la “cadena”). A través de la combinación de bases de datos compartidas y criptografía —que permite asegurar la seguridad de los intercambios—, la blockchain permite que múltiples usuarios tengan acceso simultáneo a un gran conjunto de información digital, una especie de libro de cuentas (conocido en la jerga especializada en castellano como “libro mayor”) distribuido, transparente, constantemente actualizado con cada transacción e irreversible. Es, en esencia, un registro público compartido en el que se basa toda la red Bitcoin, donde se incluyen y distribuyen todas las transacciones confirmadas, generando la confianza necesaria para los intercambios y haciendo que la información sea mucho más difícil de manipular.

Esta infografía muestra cómo se realiza una transacción digital —o movimiento de propiedad digital entre usuarios— en la cadena de bloques de Bitcoin. Fuente: Financial Times

El resultado práctico más importante es que, por primera vez, existe una forma por la que cualquier usuario de internet es capaz de transferir una pieza única de propiedad digital a otro usuario de forma que se garantice que la transferencia de dinero es segura y transparente, ya que todo el resto de usuarios puede verificar que la transferencia se ha realizado y por tanto asegurar la legitimidad de esta. Asimismo, la criptografía refuerza la integridad y el orden cronológico de la cadena de bloques. Esto permite, por ejemplo, a los monederos de criptomonedas calcular el saldo utilizable para que se puedan verificar las nuevas transacciones y garantizar así la seguridad de la propiedad digital.

El sistema precisa de un tipo concreto de usuarios llamados mineros, que, organizados en las llamadas granjas de minado, se encargan de aportar con sus ordenadores la descomunal potencia computacional necesaria para poder verificar las transacciones en la blockchain. Ello explica que se esté concentrando en Islandia una importante labor de minado, ya que en este país el coste de la energía es muy bajo; en 2018, la demanda de energía para el minado casi superaba ya a la de los hogares. Por otro lado, los nodos son los ordenadores personales distribuidos por todo el mundo con el software que almacena y distribuye la copia del registro de transacciones actualizada, para así poder asegurar la fidelidad de las transacciones ya verificadas por los mineros. Los bloques de propiedad digital se transfieren por la cadena, los mineros verifican la veracidad de los bloques y los nodos verifican el trabajo de los mineros.

Para ampliar“Los bitcoin, la moneda de la cibereconomía”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2013

No todas las blockchain son iguales 

Desde que las criptomonedas se volvieran muy populares, y el precio de muchas de ellas se disparara durante 2017, los sistemas basados en la tecnología blockchain no han hecho más que aumentar. De hecho, el Foro Económico Mundial definió la blockchain como primera tendencia tecnológica a nivel mundial en 2018. Sin embargo, existen diferentes tipos de blockchain que, además de variar en su estructura y tamaño, también lo hacen en su función.

Aunque es un tema donde no existe consenso, se considera que existen tres tipos principales de cadenas de bloques: las públicas, como las de Bitcoin y Ethereum; las semipúblicas, híbridas o federadas, como la española Alastria; y las privadas, también conocidas por el nombre de distributed ledger technology (‘tecnología de libro de cuentas distribuido’, DLT por sus siglas en inglés), como Ripple, un protocolo creado para facilitar las transferencias internacionales de dinero que pretender ser el rival del omnipotente sistema de pagos internacional SWIFT

En las cadenas de bloques públicas todos los participantes o miembros pueden acceder a la base de datos, almacenar una copia y añadir información a ella poniendo a su disposición su potencia informática. Además, la red al completo está abierta para nuevos participantes y los nodos se autogestionan de manera descentralizada: cualquier ordenador independientemente de su ubicación puede acceder libremente a la red y a la información de los bloques, y participar en el proceso de aprobación de nuevos bloques o convertirse en un nodo o minero. Asimismo, se validan los bloques uno detrás del otro y, en base al principio de irreversibilidad, no se pueden modificar. En definitiva, los usuarios son soberanos de todo el sistema.  

En cambio, en las cadenas de bloques privadas, como la que sostiene libra, la nueva criptomoneda de Facebook, es una autoridad central la que gestiona, restringe o aprueba los derechos de de los usuarios de acceder o modificar el libro de cuentas. De igual modo, al ser un sistema centralizado, es la autoridad central la que también valida los bloques —lo que le da el poder exclusivo de modificarlos— y escoge y acepta la incorporación de nuevos nodos al sistema. Una ventaja clara de este tipo de estructura es que la red no tiene la necesidad de incentivar a los mineros a utilizar su potencia computacional para validar las transacciones, como sí ocurre en las públicas.

Las blockchain semipúblicas reúnen una combinación de elementos y características de la cadena de bloques pública y las privadas. Suelen ser cadenas de bloques creadas ad hoc para fines muy específicos donde algunos procesos se mantienen privados y otros públicos. Sin embargo, conviene no olvidar que una blockchain que no sea descentralizada, y por lo tanto pública, se vuelve sumamente ineficaz, pues combina por una parte las desventajas de tal funcionamiento —estructura compleja y costes elevados—, con el riesgo en materia de confianza y seguridad que caracteriza a los sistemas centralizados.

El modelo 1 muestra el sistema actual con el registro y la distribución de la información centralizado. El modelo 2 muestra cómo funciona una blockchain pública, una red abierta descentralizada. El modelo 3 muestra el funcionamiento de una blockchain privada o DLT. Fuente: Forbes México

Recientemente también se han incluido los servicios blockchain (BaaS) como otro tipo de cadena de bloques más. Los BaaS proveen de servicios en la nube de forma distribuida basándose en la tecnología de cadenas de bloques, aunque a través de una autoridad centralizada, por lo que tampoco pueden considerarse una blockchain propiamente dicha. Pero cada vez son más empresas —como SAP, Amazon con su Digital Currency Group o Microsoft con R3 y Quorum— las que apuestan por este servicio: permitir a terceros el acceso remoto externo a información distribuida en “la nube”.

En cualquier caso, el hecho de que existan ya distintos tipos de blockchain y de que se esté extendiendo cada vez más el uso de sus servicios ha llevado a que prolifere la idea de que pocos los sectores serían capaces de escapar a la disrupción tecnológica que supuestamente representa la cadena de bloques. Aspectos como el de la logística, la sanidad, las ciudades inteligentes o las elecciones destacan como los posibles beneficiados de dicha innovación tecnológica. La realidad, sin embargo, es que hay gato encerrado. 

Para ampliar“Las ciudades inteligentes o cómo gobernar el futuro”, Trajan Shipley en El Orden Mundial, 2018

Mitos e imprecisiones comunes

Desde que el fenómeno de las criptomonedas y la blockchain dejara de ser algo ajeno para la mayoría de personas y entrara de lleno en el debate público, han sido varias las empresas e instituciones que han apostado con fuerza por esta tecnología. Por ello, se ha llegado a calificar la blockchain como lo verdaderamente útil y revolucionario de Bitcoin. De igual manera, fruto del mal uso del término y de la fiebre que lo acompaña se han extendido una serie de mitos acerca de la cadena de bloques sobre los que convendría arrojar luz. 

Primero, referirse a la blockchain pública como “la tecnología blockchain” es cuando menos una imprecisión que se comete a menudo. La realidad es que la blockchain no es simplemente “una tecnología”, a pesar de que sea el término más usado para referirse a ella. La cadena de bloques es mucho más que eso, o por lo menos así fue para las personas detrás del surgimiento de las blockchain públicas. Lo que otorga a la blockchain un valor añadido no es que permita registrar y procesar transacciones rápido y a menor coste que los métodos ya existentes, sino que lo hace de manera descentralizada: la blockchain se basa por completo en la verificación y la confianza queda excluida de la ecuación. 

Tabla comparativa que muestra las principales diferencias entre los distintos tipos de blockchain. Fuente: BID

Esto conduce al siguiente mito: no todo lo que se autodenomina blockchain lo es. Para que una blockchain lo sea de verdad es importante también saber el propósito para el cual fue creada: si como herramienta de transformación social o como herramienta empresarial de optimización. Ayudar a la sociedad a progresar poniendo a disposición del público en general nuevos sistemas de organización social que ayuden a superar las limitaciones de los centralizados sistemas actuales fue el objetivo de los creadores de las blockchain públicas. Pero esta evolución no se produce con el objetivo de reducir costes o mejorar la gestión, o al menos no prioritariamente, sino con la intención de crear sistemas digitales descentralizados que sean viables para el intercambio y el registro de información, basados en derechos y principios fundamentales como la libertad —de expresión, de pensamiento, financiera, etcétera—, la igualdad o la privacidad.

Las blockchain privadas y las semipúblicas no son cadenas de bloques propiamente dichas, sino más bien instrumentos empresariales de mejora y optimización de procesos y rentabilidad. La razón principal para esto es que, a diferencia de la blockchain de Bitcoin o Ethereum, los sistemas privados y los BaaS carecen del componente social que caracteriza a la blockchain pública. Además, la gran mayoría dependen de una autoridad centralizada, por lo que desde ese punto de vista tampoco pueden considerarse cadenas de bloques. Las cadenas de bloques privadas han sido creadas y desarrolladas para reducir costes, mejorar la gestión y evitar duplicidades para las empresas, no para tener un efecto social positivo a escala mundial gracias a la descentralización. Fruto del mal uso, la palabra blockchain se ha convertido en un término demasiado maleable, que se define y utiliza en función de requisitos y necesidades determinados y no en base a criterios técnicos. 

También resulta problemática esa idea tan extendida de que existe una tecnología blockchain que se puede aplicar para resolver casi cualquier problema específico. Por lo general, la tecnología de la cadena de bloques supone simplemente que la información se encuentra distribuida en una multitud de dispositivos, sin necesidad de que esté descentralizada. No hay que olvidar que el motor principal que impulsa la cadena de bloques es la desconfianza hacia los intermediarios y terceros de confianza —las instituciones financieras encargadas de verificar las transacciones—, tan frecuentes en los sistemas centralizados. Esta es una distinción esencial a tener en cuenta para comprender verdaderamente qué es y cómo funciona una blockchain

Por último, a menudo la omnipresencia y omnipotencia que se le pretende otorgar a la blockchain no se corresponde con la realidad. Obstáculos y limitaciones como la irreversibilidad, la escalabilidad o el cumplimiento de las normativas son barreras sustanciales a tener en cuenta a la hora de considerar a la blockchain como la respuesta a todos los problemas a los que se pretende dar solución. De igual modo, en ocasiones también se olvida que ya pueden existir soluciones para algunos de los problemas que se pretenden resolver utilizando la cadena de bloques, aunque sean centralizadas. En cambio, otros tal vez necesiten de una tecnología diferente que quizás no existe todavía. 

¿Revolución o burbuja?

La blockchain se ha promocionado como una de las innovaciones tecnológicas más prometedoras de los últimos tiempos. Sin embargo, como cualquier innovación tecnológica, resulta difícil predecir con exactitud su alcance y repercusión. Asimismo, cada vez es más obvio que la tecnología blockchain va camino de ser una de las más sobrevaloradas de los últimos tiempos. 

Aunque sin duda existen avances tecnológicos y aplicaciones interesantes en la cadena de bloques, la revolución que se lleva anunciando ya durante varios años no acaba de producirse. Los lenguajes de Ethereum para los smart contracts tienen el potencial de convertirse en universales en el futuro, como en su día ocurrió con el sistema operativo de Windows para ordenadores o Android para los smartphone. Sin embargo, por el momento la blockchain no ha conseguido reemplazar a los intermediarios en las transacciones financieras —los bancos, también los centrales, siguen al mando—, ni tampoco ha puesto patas arriba sectores económicos enteros —como se predecía hace unos años—, y no parece que vaya a ocurrir

Este gráfico muestra las 10 principales empresas de “tecnología blockchain”. Esto generalmente significa que la aplicación está distribuida entre una multitud de dispositivos. Fuente: Statista

Hasta la fecha, el único uso comercial real y viable que se le ha dado a la blockchain pública es como parte integral de Bitcoin o Ethereum. Esto es, en esencia, lo que defiende el economista experto en criptomonedas Saifedean Ammous en su libro El patrón bitcoin. Para ello, argumenta que “el creador de Bitcoin estuvo motivado a crear un sistema de ‘dinero electrónico entre pares’ y construyó un diseño en ese fin. No hay motivo, excepto por ignorancia de su mecánica, para suponer que pueda ser adecuado para desempeñar otras funciones.” Es decir, resulta un tanto inverosímil que la blockchain, que fue creada precisamente para sustituir la intermediación, acabe beneficiándola. 

En la actualidad, la industria financiera mundial realiza satisfactoriamente millones de transacciones diarias usando mayoritariamente el trading algorítmico como modalidad de verificación rápida y eficaz. Mientras que la blockchain de Bitcoin es capaz de procesar entre cuatro y siete transacciones por segundo debido a la verificación criptográfica necesaria de todas las transacciones, Visa, por ejemplo, procesa unas 24.000. Con todo, han sido muchas las entidades financieras que han incorporado la tecnología blockchain a partes de su negocio con el objetivo de reducir costes y aumentar la eficiencia. 

Existen importantes contraprestaciones a la hora de sustituir sistemas centralizados por soluciones descentralizadas como blockchain, pues ésta última no es especialmente eficiente, barata o rápida, sobre todo en comparación con otras soluciones centralizadas ya existentes. Asimismo, también hay  numerosos sistemas centralizados de pago bien consolidados y con costes de transacción casi nulos, como Paypal, AliPay o Square, que hacen que, en comparación, la blockchain sea un dinosaurio lento y torpe. 

La clave reside en comprender que esta innovación tecnológica representada por la blockchain va directamente ligada a un sustancial cambio de paradigma en la manera en la que compartimos, intercambiamos, almacenamos y verificamos información y dinero. Esta transformación abre la puerta a una transformación económica y social de gran calado: la eliminación de la figura del intermediario o tercero de confianza. Es esta característica única, la de la descentralización, la que proporciona mayores niveles de confianza, seguimiento y seguridad en los servicios digitales que los tradicionales. No obstante, eso no significa que la blockchain esté exenta de problemas y que tenga sus limitaciones, ni que sin la confianza y el apoyo de los usuarios vaya a trascender en el tiempo, aunque el término blockchain se escuche cada vez en más lugares. 

Para ampliarLibra, la revolución monetaria de Facebook”, Javier Gómez en El Orden Mundial, 2018